Es increíble lo sencillo que es de hacer este bundt y lo agradecido que resulta. El sabor de la mezcla de limón y jengibre es complétamente diferente a los otros que hayas probado. En principio, aprecias el intenso sabor a limón pero luego, te queda en el fondo un ligero regusto picante que lo hace especialmente refrescante.
Yo he utilizado jengibre confitado que he cortado en trozos muy pequeños pero si prefieres un sabor más marcado, utiliza jengibre fresco rallado muy finamente. También puedes utilizar jengibre en polvo. A mi, particularmente, me gusta encontrarme los trocitos. Es muy agradable.
Utilizar un molde bonito también añade presencia al pastel y, si cabe, lo hace aún mas atractivo y apetitoso. Yo he utilizado el molde Heritage, de nordik ware y, aunque son un poco caros, su calidad y la facilidad con la que se desmoldan hacen que, una vez que pruebes uno, ya no quieras usar otros. Así que ya sabéis, preparar vuestra lista de reyes e incluir uno. Yo los pido también por mi cumple porque me pierden. ;)
La receta que os pongo es como para 12 raciones.
Ingredientes:
230 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
360 g de harina normal
2 cucharadas de ralladura de limón fina
80 ml de zumo de limón recién exprimido
50 g de jengibre confitado picado (si utilizas jengibre fresco rallado, pon una o dos cucharaditas, según tu gusto)
1 cucharadita de bocarbonato sódico
1 cucharadita de sal
250 gr de azúcar
4 huevos grandes
240 ml de buttermilk
1.- Precalentamos el horno a 180ºC. Engrasamos el molde que vayamos a usar.
En un cuenco mediano mezclamos la harina, la ralladura de limón, el jengibre, el bicarbonato y la sal.
2.- Con una batidora eléctrica, a velocidad media-alta, batimos la mantequilla y el azúcar hasta obtener una mezcla blanquecina y esponjosa. Añadimos los huevos de uno en uno, batiendo bien tras cada incorporación. Agregamos el zumo de limón. Bajamos la velocidad al mínimo y añadimos la mezcla de harina en tres tandas alternando con el buttermilk hasta incorporarlo todo.
3.- Vertemos la masa en el molde preparado, golpeándolo suavemente sobre el mostrador para que no queden huecos, y alisamos la superficie con una espátula. Lo horneamos unos 55-60 minutos hasta que esté dorado o hasta que
hayamos comprobado que está cocido. Trasladamos el molde a una rejilla durante unos 30 minutos. Luego volteamos el pastel sobre la rejilla y dejamos que se enfríe por completo.
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